Hogar de Cristo Hogar de Cristo
Inicio Quiénes Somos Nuestros Beneficiarios Desarrollo Integral Programas Solidarios Alberto Hurtado Noticias y Artículos
Contáctenos
 
 
Quiénes Somos
Misión

“Una de las mayores obras que Dios ha hecho conmigo es haberme traído a América”.

Francisco García Jiménez nació en Casanueva, España, el 3 de diciembre de 1913. De padres labradores y el segundo de 4 hermanos, ocupaba casi todo su tiempo en trabajar en el campo. Proveniente de una familia humilde, fue el único de sus hermanos que tuvo la oportunidad de estudiar, para lo cual recorría 40km en bicicleta hasta Granada para asistir al Bachillerato.

Fue maestro de escuela primaria en Yllora, un pequeño pueblo cercano al suyo, con el deseo de poder dar a otros muchachos lo mismo que él había conseguido.

A sus 22 años estalló la guerra civil española, y al igual que todos los jóvenes fue reclutado como soldado raso. Cuando se declaró la guerra el 18 de julio de 1936, él ya era parte del Batallón de Artillería Ligera Número Cuatro de Granada.

Luego fue enviado a trabajar en un hospital militar atendiendo heridos y a examinar a jóvenes para ordenar su alistamiento. Fue allí donde conoció y se convirtió en amigo del padre capellán, quien le hablaba constantemente de Dios. Francisco pudo reconocer su poco conocimiento religioso y se percató de que nacía en él un deseo interior de profundizar más al respecto. Por consejo del capellán él se acercaba diariamente a comulgar. Con el tiempo, su entusiasmo fue aumentando y oraba mucho pidiéndole a Dios que lo condujera por sus caminos. “La guerra no había logrado hacer de mí un soldado, ¡pero me había hecho cura!”.

Terminada la guerra regresó a su pueblo natal y se mantuvo como profesor durante 2 años más mientras ayudaba a sus padres a sobrevivir los problemas económicos que surgieron de la guerra. Posteriormente, a los 31 años, ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús.

Habiéndose ordenado de sacerdote pidió que fuese enviado a América de misionero a “la región donde más dificultades haya, especialmente menos sacerdotes”. Y así, lo enviaron primero a Colombia a su Tercera Probación y luego a Manta (Ecuador), donde vivió por 11 años. Por problemas de salud se retiró 8 meses a Medellín (Colombia) a recuperarse, para luego llegar a Guayaquil (Ecuador) donde por 24 años se dedicó a la construcción de viviendas Hogar de Cristo asistiendo a los Sin-Techo más pobres de los suburbios.

En sus últimos años de vida fue trasladado a la enfermería del noviciado en Cotocollao (Quito). Allí se dedicó a elaborar rosarios, una costumbre que adquirió en Guayaquil y de la que disfrutaba mucho, los mismos que regalaba en las plazas y mercados donde predicaba con megáfono la devoción al rosario y la buena nueva. Visitaba enfermos, celebraba misas, hablaba de Dios a los niños de la escuela “Alfonso del Hierro” y siempre tenía tiempo de visitar a Doña Carmen, una viejita sordo-muda que solía pedir limosna en la vereda, a quien le llevaba el almuerzo y junto a quien rezaba el rosario.

Links relacionados
www.hogardecristo.cl
www.sin-techo.org

separador
bullet Desarrollo Humano a Escala Humana
Mensaje de Juan Pablo II
Sé voluntario

Contáctenos
© Hogar de Cristo 2008
English Version