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Vida de un Santo

“San Alberto Hurtado”
Canonizado el 23 de Octubre del 2005

Alberto Hurtado Cruchaga nació en Viña del Mar (Chile) el 22 de enero de 1901. A la edad de cuatro años quedó huérfano de padre, lo que obligó a su madre a vender una modesta propiedad para honrar las deudas de la familia. En su infancia debido a las penurias económicas, él y su hermano tuvieron que vivir con parientes y cambiar con frecuencia de casa. Una beca de estudio le permitió asistir al colegio de los Jesuitas de Santiago. Concluidos los estudios secundarios en 1917 hubiera querido hacerse jesuita, pero lo retrasó por brindar apoyo económico a su madre y hermano menor, mientras estudiaba derecho en la Universidad Católica de Santiago. Se doctoró a comienzos de Agosto de 1923.

El 14 de agosto del mismo año entraba en el Noviciado de la Compañía de Jesús en Chillán. Fue ordenado Sacerdote en Lovaina (Bélgica) el 24 de Agosto de 1933, y una vez completado el clásico ciclo de formación de la Compañía, en enero de 1936 regresó a su patria, Chile, donde el 2 de febrero de 1941 emitió su profesión solemne.

Una vez inserto en la dura realidad de Santiago comenzó a desarrollar una intensa actividad educativa y social, dirigió a muchos jóvenes comprometiéndolos con el trabajo de catequesis con los pobres y guiándolos hacia su vocación sacerdotal. Se propuso formar cristianos responsables, colaboradores de Cristo y fomentando en los laicos la toma de conciencia del deber social y entre los obreros difundió el concepto auténticamente cristiano del trabajo: “En el trabajo es donde el obrero debe santificarse

Alberto experimentó desde niño la condición de pobre, sin casa y a la merced de otros, lo que tuvo un fuerte influjo en su ministerio apostólico. Atento siempre a las personas más necesitadas, a los marginados, a los que vivían en soledad y siempre dócil a las inspiraciones de Dios, en Octubre de 1944, mientras daba Ejercicios Espirituales, hizo un llamado de atención a la sociedad Chilena para atender a los numerosos pobres de la ciudad, sus palabras suscitaron inmediatamente una generosa respuesta; fue el comienzo de la iniciativa por la que el Padre Hurtado es más conocido: “El Hogar de Cristo”, que proporciona a los sin techo no sólo un lugar donde vivir sino también un cálido ambiente familiar de amor humano.

Gracias a las contribuciones de bienhechores y a la activa colaboración de laicos comprometidos, Hogar de Cristo se inició en Chile con una casa de acogida para muchachos jóvenes, luego para mujeres y más tarde para niños, rápidamente la obra fue multiplicándose y tomando nuevas dimensiones, todo esto inspirado y penetrado siempre de valores cristianos. Según las propias palabras del Padre Hurtado la finalidad del Hogar de Cristo es hacer que las personas acogidas en él desarrollen gradualmente la conciencia del valor que tiene cada cual como persona, de su dignidad de ciudadano y más aún de hijo de Dios.

La relación del Padre Hurtado con el Señor no tuvo nada que ver con un espiritualismo intimista lejano de la realidad, fue un compartir real y efectivo en el contexto social en que se encontraba. Esta intimidad con Dios fue una prioridad absoluta y de donde provenía su singular capacidad para darse cuenta de las necesidades reales de las personas. Precisamente porque era un verdadero enamorado de Cristo fijó su mirada en el Señor Jesús y en el modo como Él vivió en la tierra, contemplando con el corazón durante largas horas la manera de cómo Jesús había actuado en diversas situaciones.

El interés que manifestó por el prójimo estaba además caracterizado por una extraordinaria nota de calor y cercanía, que no siempre se dan en los que ejercitan el apostolado. La explicación de éste hecho la encontramos en el hecho de que Jesús presente en la Eucaristía, fue su centro de atracción: “Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada”.

Tras una vida dedicada a manifestar el Amor de Cristo, un cáncer de páncreas lo llevó en pocos meses a fin de vida: en medio de atroces dolores se le oía repetir con frecuencia: ¡Contento, Señor, contento!. Fue llamado a la casa del Padre el 18 de Agosto de 1952.

El Padre Alberto Hurtado fue un sacerdote según el Corazón de Cristo y un verdadero contemplativo en la acción a quien las horas de transcurridas en conversación con el Señor le daban la fuerza y capacidad de hallar a Dios en el mundo que le rodeaba, ser instrumento de Dios, cumplir su voluntad trabajando y obrando como si todo dependiese de él, pero profundamente consciente de que, de hecho, todo dependía de Dios. Algunas palabras del Señor le eran particularmente queridas y él las repetía con frecuencia: “Permaneced en mí y yo en vosotros........Quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto, pues sin mí no podéis hacer nada “ (Jn 15, 4 y 5). Estas palabras le guiaron toda su vida sacerdotal.

Extraído de un comunicado del Superior General Peter-Hans Kolvenbach, S.J. a todos los Superiores Mayores de la Compañía de Jesús.

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Reflexión personal escrita en noviembre de 1947

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